Programa de Superación Académica
Evaluación de la educación superior
No. 36 - abril 2003
PRESENTACION
Luis F. BojalilEn este número se presentan diversos trabajos sobre evaluación, fundamentalmente en el nivel universitario.
La evaluación tiene por objeto proporcionar datos que permitan orientar los esfuerzos institucionales para lograr un aprendizaje más efectivo para los estudiantes, tanto a nivel de licenciatura como para sus posgrados; conocer las trayectorias de los estudiantes y las virtudes de las diversas metodologías de la enseñanza, en cuanto al aprendizaje, medir el compromiso de las instituciones en lo que respecta a la formación de profesores y de investigadores y el fortalecimiento de la capacidad de investigación científica. Además puede ofrecer información para conocer el papel que la institución tiene en la difusión y preservación de la cultura y sus alcances e impacto en la población, así como influir en el diseño de una administración acorde con los objetivos académicos.
Sin embargo, no existe un consenso sobre cómo evaluar los problemas. La mayoría de las veces se emplean técnicas instrumentales, lo que conduce a resultados poco útiles para apoyar el cambio educativo deseado. Por ejemplo, existen muchas pruebas dirigidas a cuantificar el conocimiento de los estudiantes, como las de selección múltiple, que en el mejor de los casos sólo miden la memorización, pero de ellas no podemos deducir si los estudiantes han desarrollado habilidades y procedimientos de aprendizaje o de comprensión de datos y construcción de conceptos que los lleven a hacer un uso significativo de los conocimientos, o que hayan desarrollado habilidades de pensamiento o comunicación de sus ideas, estas prácticas deben ser consideradas en el aprendizaje de los estudiantes si se quiere cumplir con una de las premisas más importantes en la educación: la independencia basada en la capacidad de estudio y la emisión de juicios construidos a partir de hechos sólidamente documentados.
Existe relación entre los diferentes modelos educativos y la forma de evaluar. La interpretación que deriva de los resultados de la evaluación depende de la concepción teórica que se considere para la construcción de los instrumentos e indicadores, por ello, la evaluación resulta ser un problema teórico-metodológico, que tiene que ver con un planteamiento claro de los problemas a evaluar y con el diseño e instrumentos metodológicos. La evaluación es necesaria para hacer un balance del sistema educativo y reconstruirlo en lo que se pueda, basándose en la enseñanza de las ciencias y la cultura, y en la definición más precisa de los objetivos de la enseñanza, porque de esto va a depender la orientación del proyecto educativo de cada institución.
Si nos planteamos la evaluación de la enseñanza de las ciencias, habrá que tomar en cuenta las intenciones que conlleva tal enseñanza. En la UAM Xochimilco, por ejemplo, en el Tronco Divisional del segundo y tercer trimestres de estudios de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud, se considera que la enseñanza de las ciencias debe conducir al manejo adecuado de las ideas. Esto es, no se duda de que el saber científico dependa de un cuerpo amplio de conocimientos, pero se considera que esto no es suficiente. En un mundo moderno, para que el conocimiento sea funcional, se requieren habilidades para la búsqueda documental, para comparar y contrastar la información, reconocer la naturaleza y límites que esa información proporciona, para razonar acerca de los datos y conocimiento de los métodos requeridos para la identificación y solución de preguntas y problemas científicos, así como para deducir y comunicar conclusiones. Usar el conocimiento tiene un significado distinto al de conocer o memorizar datos o hechos. El uso del conocimiento dependerá de la habilidad para aplicarlo en una gran variedad de situaciones individuales, sociales y en diferentes contextos.
El conocer datos es importante, pero no es suficiente, se espera que en este tipo de enseñanza el estudiante desarrolle la capacidad de analizar, evaluar y elaborar ideas y defender los juicios que el mismo expresa. Se espera que los alumnos aprendan cómo conseguir información, usarla y ajustarla a sus propias necesidades, que la relacionen con la posibilidad de construir conceptos o soluciones de problemas que se presentan en la vida, modificando sus ideas, si es necesario, a medida que se profundiza y se adquiere más información. Los alumnos tienen que aprender la validez que puede tener lo que leen, en comparación con la información obtenida de otras fuentes; y juzgar, por fin, la lógica interna de las presentaciones, basados en esa información.
En las universidades es necesario hacer una evaluación de cómo los estudiantes están aprendiendo las ciencias, porque en el mundo actual, la capacidad para entender el conocimiento científico es un elemento esencial para las profesiones e incluso en niveles educativos más básicos, independientemente de la formación de científicos que es otra importante función universitaria de la que hablaremos después.
En el contexto antes descrito sobre el conocimiento y el entendimiento, no se puede estar de acuerdo con evaluaciones como las de selección múltiple que no nos dan a conocer las habilidades para encontrar y decodificar conocimientos. En la enseñanza de las profesiones, es importante pensar en el contenido científico y cómo deben enseñarse las ciencias. Es un hecho que la mayor parte de los profesionales no van a seguir una carrera científica, pero en los trabajos y los estudios a los que se enfrentan después de la terminación de su primer grado, será de gran ayuda la habilidad de pensar científicamente, porque son la ciencia y la tecnología las que están conformando las formas de vivir y pensar. Los individuos deben adquirir flexibilidad para adaptarse a diferentes situaciones que les permitan reflexionar e identificar situaciones generales, al mismo tiempo, que se potencie la capacidad de identificar y resolver los problemas que se les presentan en la vida real.
El entendimiento de los conceptos científicos es una condición para la comprensión de ciertos fenómenos del mundo natural y de los cambios producidos por la actividad humana, a medida que se aplica el conocimiento científico se tiene la posibilidad de sostener argumentos con hechos que se obtienen de la información, de la reflexión y de la posibilidad de construir generalizaciones que se deriven de los fenómenos.
Hace ya cerca de 30 años, en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco se propuso que la enseñanza de las ciencias se basara en formas integradas del conocimiento, buscando sobre todo que los alumnos aprendieran el manejo de las ideas y conceptos científicos, independientemente de que pudieran adquirir una amplia información sobre ciertas materias. Este punto de vista difiere sin duda de la enseñanza tradicional, en la que se privilegia la transmisión de información, sobre cualquier otra actividad, no se impulsa ni la búsqueda ni la crítica, y se deja de lado el desarrollo de las habilidades de los estudiantes para obtener datos, entender lo que leen, y desarrollar metodologías que los conduzcan a expresar sus propias ideas. Esto es un ejemplo de formas distintas de enseñar las ciencias, que sin duda, se reflejará en el aprendizaje de los estudiantes. Evaluar el aprendizaje de las ciencias tomando en cuenta los diferentes conceptos educativos, ayudaría a mejorar la enseñanza.
La educación de posgrado debe tener alta prioridad en nuestras instituciones de educación superior, porque conduce a la formación de científicos, profesores y personal de alta especialización que se involucra directamente en el desarrollo social, cultural y económico del país. La calidad de la enseñanza de posgrados es un problema aún no resuelto. Es necesario precisar indicadores que nos aproximen a definir lo que es esencial en la educación de posgrado. Sabemos que un punto importante está dado por la capacidad que desarrollen los estudiantes para aprender a definir y seleccionar los problemas científicos, y también el qué y cómo usar las metodologías apropiadas para su solución, además del razonamiento y la precisión requeridos en la comunicación. Dentro de todo este complejo, el uso de la información es de vital importancia.
Lo antes mencionado deriva de una orientación constructivista de la ciencia, concepción definida como válida en la UAM Xochimilco, tanto para la educación en las licenciaturas como en el posgrado. Sin embargo, en decenios anteriores, se produjeron cambios sustanciales sobre cómo se produce el conocimiento y cómo se aprende, por ello, es importante trabajar más en la manera de enseñar las ciencias, como condición indispensable en el mejoramiento de la enseñanza de posgrado, buscando además que los estudiantes puedan llegar a comprender el significado social de las ciencias. Desde luego, sigue existiendo la enseñanza dogmática de las ciencias, basada en la transmisión de conocimientos que puede dar resultados por estar relacionada con la experimentación, pero se deja de lado, lo que podríamos llamar cultura científica.
Siendo el conocimiento universal, en la educación de posgrado debe permitirse la libre circulación de ideas, haciendo posible que los estudiantes intercambien conocimientos con estudiantes e investigadores de otras latitudes, de tal manera que mejoren la percepción general de lo que es la ciencia. La formación de científicos y el conocimiento que adquieran los profesores sobre la interpretación de los hechos científicos y tecnológicos son de especial relevancia en la actualidad. Se juzga necesario fortalecer los proyectos endógenos de posgrado, pero la formación de científicos en los países con más tradición ayudaría a enriquecer nuestras propias percepciones de la ciencia.
Las universidades deben desarrollar mecanismos para captar jóvenes investigadores que refuercen su proyecto educativo, a la vez que deben construir programas de formación de jóvenes al interior de la propia institución. Estas posibilidades deben ser evaluadas para poder encontrar las mejores oportunidades educativas.
La administración también necesita ser evaluada, si no se logra una organización capaz de dar consistencia a las actividades académicas, se pierde identidad y se dispersan los esfuerzos dirigidos a renovar las funciones universitarias, que deben incorporar los avances científicos, tecnológicos, humanísticos y sociales de manera permanente.
Los hechos sociales tienen un gran impacto en los proyectos educativos de las instituciones de educación superior. Cada vez con mayor frecuencia, las universidades tratan de involucrarse en actividades sociales, unas miran hacia las organizaciones de trabajadores o del campo, tratando de influir en el desarrollo del país; otras se vinculan con la producción industrial, buscando transferir tecnologías, o bien, a través de la investigación para mejorar las condiciones de calidad de algún producto, o participan en el desarrollo de nuevos compuestos o se relacionan con la innovación tecnológica.
De esta manera, las universidades mantienen un vínculo con el exterior, lo que influye en el mejor conocimiento de los problemas nacionales e informa de la direccionalidad de las fuentes de trabajo, al tiempo que recupera un saber que debe introducir en sus planes de estudio para buscar mayor capacidad de adaptación de sus egresados.
Los avances científicos y tecnológicos también deben ser conocidos y reconocidos por profesores e investigadores, ya que este conocimiento debe ser recuperado en los programas de los sistemas educativos, que de otra manera tenderían rápidamente a perder vigencia, algo que sucede con frecuencia en nuestras instituciones donde se imparten programas que empezaron a operar en los años cincuenta o sesenta.
Es necesario reconocer también que las prácticas educativas, que tienen que ver la orientación que debe tener la educación, muchas veces son contradictorias por la ausencia de un proyecto de país, cada sexenio se definen nuevas directrices que conducen a confusiones sobre el papel social de las universidades públicas.
La globalización ejerce también una enorme presión para el cambio en las universidades. Hay una tendencia economista que exige conformar licenciaturas que estén más cercanas a los mercados de trabajo, poniendo en cuestión el desarrollo integral, intelectual y cultural del profesional, lo que precisamente caracteriza la enseñanza humanística de las universidades públicas. De esta manera se privatiza al saber. La investigación, la creatividad y la innovación van a tener menor importancia dentro de este proyecto globalizador, mientras que las universidades privadas, más vinculadas con el empleo, ganan terreno en estas circunstancias.
Es posible que privatizar las universidades públicas no esté actualmente dentro de las intenciones gubernamentales, serán suficientes el control presupuestal para evitar el cumplimiento eficaz de sus funciones, la exigencia de orientar sus licenciaturas y el control del mercado para que florezcan las universidades privadas.
Hemos tratado de poner unos pocos ejemplos de la influencia que sobre los proyectos educativos tienen tanto factores internos como externos, y describir un panorama que no va de acuerdo con lo que actualmente es aceptado en muchos países del mundo como los objetivos que debe cumplir la educación. El imperativo de las sociedades modernas es desarrollar ciudadanos en un proyecto cultural que vincule y dé identidad a la gente civilizada, y no privarlos de la capacidad de hacer elecciones informadas sobre los problemas de salud, ambiente o impacto tecnológico, volviendo a los individuos dependientes unos de otros, lo que va en contra de los procesos democráticos, los valores sociales y de sus propias oportunidades.
La evaluación entonces tiene un gran papel en informarnos sobre muchos de estos aspectos que nos ayudan a participar en un cambio positivo en la educación, base de la construcción de una sociedad moderna.
En este número se presentan seis trabajos de muy diversa índole relacionados con la evaluación. En su conjunto, se puede ver con claridad, cómo en esos trabajos se señala que en muchas evaluaciones se usan metodologías que conducen a conclusiones que sólo señalan el camino que el evaluador desea seguir, pero no se llega a aclarar la esencia del cambio que haga posible conocer las características de una mejor enseñanza y sus valores sociales.
Queda implícito que definir con claridad el problema a evaluar y su marco teórico-ideológico, es decir conceptual, es característica esencial de la evaluación como un problema teórico-metodológico, más que instrumental, si es que se busca un cambio y no el control de las acciones educativas.
Las instituciones de educación superior tienen la obligación de evaluarse a sí mismas y estudiar de manera permanente el grado de cumplimiento de las funciones que tienen asignadas, para que en su caso, puedan dar cuenta de los avances de los conocimientos para hacer una docencia más propositiva que considere las necesidades sociales.
En el trabajo de Patricia Gascón y José Luis Cepeda se hace un recuento del impacto social de la globalización sobre el mercado y educación en un futuro.
La globalización es un factor que por necesidad influye en la educación superior porque, junto con otros factores, está modificando gran parte de las actividades humanas. La educación superior mexicana opera en un nuevo escenario de competencia mundial, que es más visible en el marco de los tratados comerciales como el de Libre Comercio de Norteamérica y la incorporación a organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). La competencia entre universidades mexicanas y las de otros países conlleva la necesidad de plantear programas de desarrollo de nuestras IES, con base en indicadores y estándares internacionales. La ANUIES manifiesta la necesidad de desarrollar una educación que forme individuos que puedan competir en el campo internacional.
¿Querrá esto decir que la educación superior debe de estar ligada al mercado globalizado? No se puede olvidar que las universidades no están inscritas en visiones unidimensionales sino más complejas, tienen una función civilizadora muy clara y están vinculadas al desarrollo nacional. El conocimiento es ciertamente un patrimonio universal, pero su uso en la solución de problemas nacionales es de vital importancia. Existen tendencias extremas de naturaleza económica que señalan que los saberes integrantes de las disciplinas estarían determinados por un mercado globalizado y cambiante, lo cual podría dejar de lado las necesidades sociales y culturales de lo nacional o regional.
Sin duda necesitamos reforzar la formación universitaria tomando en cuenta la globalización, pero también la protección de los intereses nacionales en producción, empleo, salud, pobreza, ambiente y lo que tenga que ver con el bienestar de la población.
Villaseñor, por su parte, habla del valor social de la evaluación, y la considera dentro del conjunto de políticas que el Estado define para tratar de conducir el sistema educativo hacia el cumplimiento de los objetivos considerados útiles para una sociedad que se globaliza y visualiza en un sistema neoliberal, que tiene que ver con una economía guiada por los procesos de productividad y de competitividad, necesarios para un mercado generador de los mayores beneficios económicos para corporaciones o diversas organizaciones que asumen los papeles dirigentes.
Basado en estos presupuestos, describe una serie de elementos que, interpretados dentro de los sistemas ideológicos dominantes, señalan que si bien el conocimiento es consustancial a las instituciones de educación superior, no cualquier tipo de conocimiento es el apropiado para las sociedades en las que predomina la ganancia como el bien más deseado. Dentro de este espectro es donde se sitúan, actualmente, los sistemas de evaluación. Después hace una descripción de las políticas sobre uno de los problemas educativos vitales: la calidad de la educación. No se trata de la calidad como puede ser entendida por los académicos, sino que se le da una orientación social específica, de mercado, economista y selectiva del conocimiento, que se piensa útil para el empleo.
Hugo Aboites se refiere a los resultados obtenidos en los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), que nacieron en 1992 como un instrumento de evaluación que tenía como objeto generar una dinámica de constante mejoramiento en la educación superior.
En este trabajo, se demuestra que la evaluación por sí misma puede llevar a conclusiones diferentes a las que busca. En el caso que se refiere en este escrito, se ejemplifica la evaluación que viene haciendo el Comité de Ciencias Agropecuarias desde una visión gubernamental y empresarial que es calificada de unilateral, irremediablemente ligada a la trasnacionalización del campo.
Es un hecho conocido el descuido al que se ha sometido al campo mexicano, problema frente al cual las universidades públicas, de acuerdo con sus principios, no pueden suscribir tales proyectos, más bien deben considerar la complejidad del campo mexicano y generar posturas que apoyen proyectos nacionales, entonces la evaluación debería basarse en referentes distintos a los utilizados por esos comités, si es que se desea mejorar la educación superior.
En el artículo Gestión universitaria, racionalidad y proyectos escolares, Javier E. Ortiz presenta diversas formas de entender las trayectorias escolares en relación con el juego de fuerzas que se establece en el campo universitario. Se habla de la trayectoria de los estudiantes a su paso por las carreras universitarias, que transitan de manera lineal por programas, materias o módulos que establecen las autoridades educativas, mismos que a la vez evalúan y califican el rendimiento escolar.
En este proyecto se presentan los problemas de deserción y de rezago de los alumnos, cuyas causas por lo general se imputan a ellos mismos, como sucede por ejemplo en un libro publicado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior.
También se describen diversas explicaciones sociológicas sobre las causas de las trayectorias estudiantiles y se reconoce que la explicación de éstas, incluyendo deserción, rezago, rendimiento y eficacia, reside en una interacción de factores, tanto de los alumnos como de las organizaciones, sin dejar de lado las condiciones socioeconómicas.
En la gran mayoría de los trabajos de evaluación se acentúa unilateralmente las condiciones de los estudiantes, lo que hace difícil el análisis de los múltiples factores involucrados en las trayectorias de los educandos.
En el artículo de Isabel Arbesú y Mario Rueda se hace un recuento de diferentes formas de visualizar la docencia universitaria, se propone una evaluación formativa para la mejor comprensión de las bases del mejoramiento de la docencia. Se postula que cuando la evaluación, sobre todo la de tipo cuantitativo, va ligada al financiamiento, se convierte en política rectora de la educación. En la construcción de estas políticas han intervenido organismos internacionales que de alguna manera están marcando el rumbo de la educación en nuestro país.
El reconocimiento de la complejidad de la docencia, si se pretende evaluar, debe considerar los modelos educativos y tener una idea clara de qué es enseñar y qué es aprender. Debe plantearse un tipo de evaluación que se oriente al mejoramiento de la actividad académica, tomando en cuenta los diferentes contextos en los que se desarrolla la práctica del profesor. La evaluación debe entenderse como problemática no como instrumento, y es importante no perder de vista que la evaluación de la docencia, como toda evaluación, tiene límites que son necesarios conocer. No está por demás mencionar que la evaluación de la docencia está ligada de manera indisoluble al aprendizaje de los estudiantes en términos de los fines educativos, como pueden ser el desarrollo de la capacidad de los estudiantes para manejar la información, para lograr independencia de criterios, construcción de juicios y conceptos, expresión de ideas, solución de problemas y otras actitudes y habilidades.
Rosario Urbina y otros autores hacen una evaluación de un programa piloto de internado médico de pregrado, que recientemente se estableció para alumnos de la carrera de medicina de la UAM Xochimilco, en la que toman en cuenta una serie de indicadores que son refuerzados con la opinión de los estudiantes involucrados en este programa.
Antes de julio de 1999, fecha en la que se establece ese programa piloto de internado, en la carrera de medicina de la UAM Xochimilco se enviaba a los estudiantes a los hospitales a partir del segundo y más frecuentemente a partir del tercer año de actividades. En los hospitales, se impartía la parte clínica que correspondía a cada módulo, pero no existía el internado. Sobre esto se produjeron opiniones divergentes entre los profesores en cuanto a la obtención de habilidades y destrezas clínicas entre los estudiantes, lo que dio por resultado la creación de este programa piloto que ahora se evalúa.
Los resultados preliminares que se presentan han sido satisfactorios en cuanto al fortalecimiento de las actitudes, aptitudes, habilidades y destrezas de los alumnos en el diagnóstico y solución de problemas de salud de un servicio hospitalario. Parecería conveniente evaluar, en alguna otra ocasión, el comportamiento de los alumnos no inscritos en este programa, con respecto a los que se incorporaron al mismo.
INDICE
Globalización, mercado y educación: una evaluación del futuro
Patricia Gascón Dovala
José Luis Cepeda Dovala
La evaluación de la educación superior: su función social
Guillermo Villaseñor García
El lado oscuro de los CIEES: Una crítica a los comités interinstitucionales para la evaluación de la educación superior
Hugo Aboites
Un marco único que asume como oficial y exclusiva la visión globalizadora de las profesiones
Más allá de los CIEES: Construcción de país y formación de profesionales
Gestión Universitaria, racionalidad y trayectorias escolares
Javier E. Ortíz Cárdenas
La evaluación de la docencia desde la perspectiva del propio docente
María Isabel Arbesú García
- Resumen
- Introducción
- La evaluación de la docencia en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)
- La evaluación formativa como opción para la comprensión y mejora de la docencia
- Testimonios de mejora. Profesor de Ciencias Sociales y Humanidades (CSH)
- Notas
- Bibliografía
Evaluación del programa piloto de internado médico de pregrado en la UAM-Xochimilco
Rosario Urbina Becerra
Rosalinda Flores Echavarría
Beatriz García Fernandez
Adelita Sánchez FloresJulio César Amador Campos
Informa. Motivación, confianza y buenos ejemplos
Sergio Bojalil ParraDra. Guillermina Mejía Soto
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