La organización académica como constructora de clasificaciones
La institución de educación superior está poblada por sujetos sociales que se reclaman a sí mismos desde su posibilidad emancipatoria. Estos sujetos construyen identidades propias dentro y fuera de la institución. Para que la institución pueda cumplir con su función controladora del orden social, necesita generar mecanismos clasificatorios desde donde limitar las posibilidades de expresión de las identidades convirtiendo a los sujetos en objetos para ser clasificados (Bernstein, 1996). A través de la regulación del presupuesto y el reconocimiento, la institución genera clasificaciones institucionales (Vang, 1994). En estas clasificaciones hay principios de diferenciación que permiten la inclusión y exclusión de distintos sujetos objetivizados desde la institución clasificadora de acuerdo con los principios de diferenciación establecidos por esta última. Así, encontramos clasificaciones de dominio del conocimiento, de prácticas profesionales, académicas e intelectuales tales como: profesores, investigadores, departamentos, carreras, administrativos, de confianza, de base, temporales, medio tiempo, honoríficos, consejeros, pregrado, posgrado, alumnos, directores, miembros del SNI, profesores con maestrías, doctorados, publicadores en revistas nacionales, internacionales y otras que permiten identificar y regular las prácticas de cada uno de los sujetos componentes de la institución. Este poder clasificatorio se deja fundamentalmente en manos de la misma academia y de los trabajadores, logrando el control de valores, significados, representaciones y conocimientos desde el interior mismo de la institución (Anderson y Williams, 2001).