Relaciones sociales de producción (forma de obtención de la plusvalía) y educación

El rezago y la dependencia de las economías de la periferia varían según el grado de subdesarrollo y la forma de inserción a la economía mundial, o más precisamente, la forma de subordinación al polo desarrollado. A este respecto, la coexistencia de los sectores tradicional y moderno revelan una suerte de híbrido entre la plusvalía absoluta y relativa que se resume en la superexplotación del trabajo, porque parte del plusvalor tiene que trasladarse al exterior directamente para pagar el equipo, para cubrir las ganancias de los inversionistas, el pago de patentes, franquicias, intereses, etc. Con tales limitaciones queda en entredicho reproducir la condición de subdesarrollo previo, y así justificar que el capital trasnacional borre las fronteras de las políticas nacionalistas.

Pero, ¿cuál sería la característica de las relaciones sociales de producción y de acumulación neoliberales y cómo influyen en la educación?

Ante la avalancha neoliberal los débiles gobiernos de la periferia tuvieron que ceder y aplicaron como solución la mano invisible del mercado por cuanto teóricamente aseguraba beneficios a todo mundo en razón de su esfuerzo, de su trabajo. Los gobiernos de la periferia comprometieron a sus economías, no obstante su debilidad y atraso, al juego de la "competitividad" internacional. Tomaron muy en serio que la carencia de capital se resuelve con créditos, y que el deterioro de las fuerzas productivas y la modernización siempre se ha resuelto con su importación. Es más, tal vez aspiraban a que al fragor de la competitividad, alguna ventaja comparativa podría surgir.

Pero esta vez la periferia retrocede en la posición de subdesarrollo semiautónomo que había alcanzado. La trasnacionalización de la industria suple la importación del equipo productivo; los grandes capitales "nacionales" para no sucumbir, se asocian con las trasnacionales; y el capital financiero se va adueñando de ese centro vital de las economías nacionales. En estas condiciones surge y se expande en la periferia la maquila cual tercer factor productivo.

La nueva división internacional del trabajo, vista como relación de distribución de tareas entre el centro y la periferia, traslada ciertos segmentos de la producción industrial a la periferia en busca de fuerza de trabajo abundante, barata, simple, y desempleada, y convierte a la periferia en productora de ciertos bienes manufacturados para la exportación.

Lo cierto es que los gobiernos de la periferia, sin otra opción tratan por todos los medios de crear paraísos para atraer capital. Ofrecen las virtudes de su principal mercancía: la fuerza de trabajo: "productividad, lealtad, movilidad y calificación, son las consignas principales en la competencia entre países subdesarrollados para vender su fuerza de trabajo [...] La principal consigna de comercialización, por supuesto, que la cantidad es grande y el precio es bajo".7

Sobre esta base podemos advertir qué tipo de educación demanda el aparato productivo del subdesarrollo capitalista:

En primer lugar, el mercado laboral local (el capital nacional) no demanda fuerza de trabajo calificada para apropiarse y desarrollar en su beneficio (la ganancia) el conocimiento científico universal, ni su aplicación técnica -innovación- a la producción (no necesita el know how).

En segundo, los sistemas de enseñanza no son requeridos para preparar la fuerza de trabajo -simple o compleja- para el objetivo del desarrollo de las fuerzas productivas del capital fijo,

En tercero, eso revela la ruptura entre educación y desarrollo (endógeno) de las fuerzas productivas. (Por supuesto que no negamos la relación entre educación y simple crecimiento de la producción.)

En cuarto, precisamente, esa ruptura entre educación y desarrollo provoca un desaprovechamiento "de la capacidad educativa instalada", un bloqueo del proceso escolar mismo y niega el despliegue de la potencialidad educativa como fuerza productiva, con vistas a un desarrollo endógeno.

En quinto, eso significa negar la calificación a la fuerza de trabajo de la periferia, y, de todos modos, negar al trabajo que logra calificarse el despliegue de su talento y de sus potencialidades para desarrollar las fuerzas productivas.

Por tanto, si la educación debe adecuarse a la necesidad del capital subdesarrollado cabe asumir que el papel de la educación en la periferia, en general, estriba en contribuir a reproducir esa condición de subdesarrollo, y en particular, en el terreno de la producción directa, adaptar la fuerza de trabajo a la modernización importada, vale decir, al equipo productivo.