I. Educación: fuerza productiva en polo desarrollado del régimen neoliberal

Se trata de reconstruir de qué manera el imperativo de ganar se concreta en determinadas relaciones y procesos de la sociedad (las fuerzas productivas, el método de obtención de la plusvalía junto con el modelo de acumulación y los elementos político-ideológicos) y cómo éstos refuncionalizan la educación para sujetarla a ese designio. Empecemos con las fuerzas productivas y su relación con la educación.

1. La dinámica de las fuerzas productivas y su influencia en la educación

El polo desarrollado se caracteriza no sólo por el elevadísimo grado de sus fuerzas productivas de punta, cuyo reto es tratar de aumentar su ventaja -respecto de la periferia- por distintos medios, pero en este caso resulta determinante la escuela. Es necesario realizar un diagnóstico sobre el ritmo que se impone a las fuerzas productivas del polo industrializado, y el sentido que adquieren bajo la lógica del régimen neoliberal, y de qué manera "colabora" la educación para tal efecto.

La ganancia extraordinaria se obtiene en un ambiente económico regido por la -supuesta- lógica del mercado que, cual mano invisible, optima los factores de la producción, al presuponer que éstos operan en igualdad de condiciones cuando en realidad prevalecen las desigualdades, y es en este contexto desigual que la revolución científico-técnica es usada, como arma exclusiva, por el polo desarrollado para incrementar la productividad y, de ese modo, doblegar a la periferia. Pero ¿cómo se genera dicha revolución? Negamos la concepción fetichista en el sentido de que las fuerzas productivas son un elemento puramente técnico y con una dinámica propia. Por el contrario, si, por un lado, las fuerzas productivas resultan de la praxis humana, y su nivel alcanzado refleja el grado de conocimiento de la naturaleza, experiencia y aplicación del proceso de trabajo; por el otro responden puntualmente a los objetivos del régimen imperante y, concretamente, a la estrategia de obtención, como en este caso, de la ganancia extraordinaria. Y, lo relevante en este caso es que la escuela no se limita a participar como simple reproductora del conocimiento científico-tecnológico (know how), sino que contribuye a su revolucionamiento por su desempeño sin precedentes centrado en la transmisión del conocimiento, sí; pero también en la generación de nuevo conocimiento a partir de la calificación y preparación de la fuerza de trabajo y de la realización de investigación. De esta manera las FP impelidas a modificarse para elevar la productividad, y la GE, atraen a la educación al terreno de la producción y la refuncionalización para que contribuya al mismo objetivo.

En este nivel tan general de abstracción vinculado al papel puramente técnico (de las fuerzas productivas) no es fácil advertir la diferencia entre la oferta oficial de educación y la demanda social de educación (de los amplios sectores sociales). De todos modos, la pregunta de para qué se transmite y genera determinado conocimiento no se agota en la necesidad de reproducir y desarrollar las fuerzas productivas; más bien, nos remite a las relaciones sociales de producción, como intento de deslinde clasista de la educación.

2. Características de las relaciones sociales de producción y su influjo en la educación

En general, las relaciones sociales de producción del régimen capitalista sintetizan la manera en que se arranca al productor el "plusvalor", y que nos da la clave de la construcción de la sociedad porque influye en las relaciones y esferas de la sociedad para que, a su vez, contribuyan a ese imperativo categórico.

Entonces, ¿en qué consiste la llamada ganancia extraordinaria y cómo se relaciona con la educación? La sociedad del polo desarrollado goza de tal posición por cuanto capitaliza la "ganancia extraordinaria" que en esta ocasión obtiene mediante la revolución científico-tecnológica. Pero el punto es que dicha revolución induce a reorganizar técnicamente la aplicación del trabajo y la misma división internacional del trabajo se modifica.

En efecto, el revolucionamiento de la producción genera nuevas y correlativas formas de organización y aplicación técnica del trabajo, como la llamada flexibilización del trabajo, los círculos de trabajo de calidad, las medidas de eficacia y eficiencia laboral ,y en fin, la iniciativa o autonomía del trabajador. Estas novedosas formas de organización técnica del trabajo, exigidas por la revolución científico-técnica, cual salto en el desarrollo, significan un medio de explotación más complejo. Tal es el caso de la flexibilización del trabajo.4

Importa destacar que estas formas de organización del trabajo demandan a la educación, como nueva tarea, la preparación para determinado comportamiento del obrero en el terreno de la propia producción: exigen la superación de la administración científica del trabajo (taylorista), asignando al propio trabajador como iniciativa propia el desempeño activo, presteza a realizar diversas tareas (trabajo flexible), aptitud para laborar en círculos de calidad; en breve, un obrero con autonomía y disposición de trabajo en equipo (todo ello, aparte del conocimiento científico y habilidades técnica que exige dicha revolución).<Primera relación>

En realidad este tipo de enseñanza para determinado comportamiento exigido al obrero en y para la producción misma, correspondía a la formación del trabajador libre, y del ciudadano miembro del Estado democrático. Sin embargo, y este es el punto, el régimen neoliberal los absorbe al campo estrictamente técnico-laboral y utilitario para generar meros comportamientos eficientistas para el trabajo, meros hábitos de trabajo para elevar la productividad, y la ganancia extraordinaria.

Desde el ángulo del futuro trabajador esto significaría una regresión en su formación cívico-moral relacionados con los elementos progresivos de la conciencia cívico-moral y política. Cabría la réplica de que no hay tal achatamiento de lo formativo, de que, más bien, se produce una suerte de diversificación de los contenidos educativos formativos entre: 1) hábitos de comportamiento hacia el trabajo en el campo de la producción, y 2) la conducta cívico-moral para el campo de la ciudadanía y la política. Si este fuera el caso, cedamos la palabra a la forma político-ideológica y su requerimiento de la educación como elemento formativo.

3. El proceso político-ideológico y su influjo en la educación en el régimen neoliberal

En general, la necesidad de dirección intelectual y moral (hegemonía) de los grupos dirigentes o gobernantes sobre los dirigidos o gobernados, forma política de la relación central capital-trabajo, exige la formación del ciudadano del Estado democrático, "libre e igual ante la ley"

Pero, en particular ¿qué es lo característico del proceso político- ideológico neoliberal y cuál su influjo en la educación?

Tras la crisis del fordismo se destruyen los compromisos corporativos entre las clases y se derrumba el Estado de bienestar que, entre otras cosas, garantizaba la educación pública orientada a la formación del ciudadano. En su lugar la política neoliberal erige al mercado en supremo regulador de la economía, pero la consigna liberal trasciende y pone su impronta en las instituciones de la vida política social y educativa, como factores del mercado, como factores productivos. En este caso, la práctica del mercado, como ideología aplicada, resulta más "formativa", más "convincente" que los principios que debiera impulsar la escuela.

Y la política neoliberal da por sentado que todos y cada uno de los individuos cuentan con iguales condiciones materiales de vida, de libertad e igualdad para ejercer aquellos derechos ciudadanos que garantizan las mismas oportunidades sin excepción en todos los terrenos. Entonces, la posición de cada individuo en la escala económico-social y política dependerá de su propio esfuerzo, sus capacidades y su talento ingénitos.

No es pues casual que esto mismo rija en la escuela. En efecto, se da por sentado que quienes logran escalar hasta la cúspide del sistema escolar es que lo merecen por su esfuerzo, por su trabajo escolar, el cual además marca su destino y su posición social.

Se trata de promover meritocráticamente el talento; de incorporar la escuela en el mercado como empresa del conocimiento, cuyos servicios cuestan porque les genera beneficios extras. Lo importante de esta nueva lógica es que la oferta educativa (oficial y privada) deja de ser la variable independiente y pasa a regirse por la demanda individual según el estrato económico-social al que se pertenezca. Se trata, pues, de otro rasgo clasista impuesto a la educación. Además, se facilita su aplicación porque la escuela se ostenta y goza de gran legitimidad como la institución neutra y justa por excelencia, ya que recompensa por igual el esfuerzo y el talento.

Pero la cruda realidad desmiente esa justificación ideológica al revelar que las clientelas escolares provienen de condiciones materiales, sociales y culturales (capital cultural) "cualitativamente" desiguales, y que dichas desigualdades determinan todo el proceso escolar; y cuyos resultados son tan desiguales y tan "injustos" porque mucho del talento no se alcanza a expresar, se "pierde" en el camino al ser excluidas las mayorías. Hemos advertido que la inculcación de los valores se debilita, mientras se incrementa la aplicación práctica de ideologías como la libertad, la igualdad y la justicia.

4. El Estado global y su política educativa como respuesta de los grupos gobernantes

A través del Estado, síntesis de la sociedad, los grupos gobernantes despliegan una estrategia hegemónica y, en particular, una política educativa para conformar la ciudadanía y facilitar su dirección moral e intelectual o, por lo menos, el consenso pasivo de los gobernados.

A este respecto, la política estatal, y, en particular, la estrategia hegemónica sintetiza la respuesta de los grupos gobernantes a las diversas demandas de los gobernados, que se concretan como reformas de las principales relaciones e instituciones. Igual pasa con la política educativa oficial (oferta educativa oficial), es una suerte de respuesta global a las diversas necesidades educativas: 1) de reproducir y/o desarrollar las fuerzas productivas, 2) de preparar al trabajador, y 3) de formar al ciudadano. Es una respuesta intelectual-hegemónica de los grupos gobernantes a la necesidad de que la educación contribuya tanto a reproducir el régimen de regulación, como también el trabajo, su nivel de vida, intelectual y moral; vale decir, su conciencia social.

Pero,¿ cuál es la característica del Estado neoliberal a este respecto?

Si definimos al Estado = hegemonía + coerción, pareciera que los grupos dominantes están renunciando al consenso activo y pasivo de los grandes grupos sociales, o ¿será que no lo necesitan porque la correlación de fuerzas internas del polo desarrollado les favorece, o acaso se trata simplemente de reducir el aspecto formativo porque gana terreno la educación instrumentalista? Como quiera que sea, el hecho es que se reduce la inculcación escolar de una concepción del mundo, de una cultura formativa, y en cambio se redoblan las prácticas individualistas en todos los terrenos: ya sea del educando, del ciudadano disgregado a quien se le hace creer que su voto es la prueba máxima de igualdad democrática.

Rumbo semejante se observa en la política de globalización que "es en esencia un proyecto capitalista de lucha de clases" (Hirsch, J., 1996, 90) que trata de modificar, a su favor, la correlación de fuerzas como condición para implantar la nueva racionalidad de la producción a escala mundial (segunda característica), para redoblar la explotación del trabajo a nivel internacional y así reforzar la ganancia.

Entonces, tendríamos que la educación contribuye a implantar el proceso de globalización al debilitar el aspecto formativo de los grandes grupos, y por otro, una vez instaurado el cambio de signo neoliberal, contribuye a fortalecer la nueva racionalidad, al enfatizar la educación instrumental y los hábitos de comportamiento para el trabajo en la producción.

En realidad, la ideología neoliberal globalizante que aduce condiciones de competencia perfecta, oportunidades y beneficios para todos no es tal, y sus resultados no sólo quedan nulificados por las condiciones de desigualdad polar, más bien, propicia precisamente su aplicación opuesta, como la ley del más fuerte (del gran capital del polo desarrollado), que provoca la quiebra de los más débiles, redobla la explotación y fortalece su ganancia extraordinaria, y sigue subordinando y hegemonizando a los capitales del polo subdesarrollado.

La política de reducir lo educativo al utilitarismo, en un principio, exclusivo del capitalismo central, no tarda en ser imitada por la periferia como tabla de salvación, pero con funestas consecuencias.