La educación física en el proyecto de cultura nacional posrevolucionaria: vasconcelismo y cardenismo

Trazar el recorrido de la educación física hasta su maduración institucional como parte de los organismos oficiales obliga a observar su relación con el proceso de formación del Estado mexicano moderno.

Con la Revolución mexicana se generó un esquema de Estado fuerte, garante de un estado de derecho cuya legitimidad se fundamentó en el hecho de ser resultado de la lucha armada del pueblo en defensa de sus propios intereses1.

Como consecuencia de este movimiento revolucionario, el principio de universalidad, el carácter público de la educación y el Estado como responsable de impartirla se afianzaron. Asimismo, se profundizó el sentido nacionalista y se enarboló la educación integral.

El conjunto de las relaciones sociales que se trastocaron con la revolución deben ser vistas a la luz de tres puntos clave:

  1. La aparición de las masas, particularmente los campesinos, en la escena política.

  2. La inserción de las demandas populares dentro de la política del nuevo Estado. En este marco las nuevas leyes delinearon el sentido popular de la educación, la cual debía incluir a las masas de campesinos, obreros, mestizos e indígenas.

  3. La creación de un proyecto de cultura nacional que trajo consigo el reconocimiento de los valores y el fortalecimiento de la unidad del país.

Sobresalen dos momentos en la definición del modelo actual de educación física, en ellos la necesidad de cohesión entre el proyecto económico y el político llevaron a la educación a constituirse como base de dos propuestas culturales acabadas y fundamentadas teóricamente. La primera, en la década de los veinte, durante la estancia de José Vasconcelos en la Secretaría de Educación Pública; la segunda, en los años treinta con la educación socialista en el régimen de Lázaro Cárdenas2.