La tercera revolución industrial, división internacional del trabajo y educación

Tercera Revolución industrial y educación

Según Cerroni, las características técnico-productivas de esta fase son:

  1. Aumento absoluto y relativo del capital constante, es decir, del "trabajo cristalizado" en máquinas y mecanismos autodirigidos con alta composición científica y tecnológica, de ahí la

  2. incidencia decisiva de la creación científica en el proceso tecnológico y productivo, por ende,

  3. la necesidad de un desarrollo "universal" de los individuos como creadores científicos; y

  4. necesidad de una subsunción privada [del capital] tanto del trabajo social "cristalizado" [muerto], como de la "universalidad" del desarrollo científico de los individuos (Cerroni, U., 1975, 235).

Importa analizar cómo la revolución científico-técnica y la correspondiente nueva división internacional del trabajo condicionan, influyen o son efecto de lo educativo. Cerroni plantea que en el capitalismo central:

En conjunto el marco está connotado por un desplazamiento del proceso productivo del uso de fuerza de trabajo al empleo de la técnica y de la ciencia [...] Se puede incluso decir que se manifiestan dos tendencias: a la expulsión del hombre fuerza de trabajo y a su reingreso como capacidad técnico-científica.1

Este proceso se origina en el trabajo cada vez más calificado que pone de manifiesto "la tendencial socialización no sólo del proceso productivo, sino del mismo proceso intelectual-científico, directamente cristalizado como [trabajo social] y su apropiación privada..." (Cerroni, U., 1975, 236). A su vez, lo importante es que el trabajo calificado es resultado del procesamiento escolar. Pero esa decisiva importancia que cobra la variable educativa en la competencia, entre los miembros del polo desarrollado, por la ganancia extraordinaria, aunque susceptible de generalizarse, presena, por otro lado, un usufructo tan exclusivo, como exclusiva es la red del gran capital central a la cual pertenecen los más desarrollados.

En cambio, en la periferia, las fuerzas productivas del capital fijo, la ciencia y la técnica (productos del trabajo con niveles de mayor complejidad), dado que son de importación, sólo requieren para su buen funcionamiento que la escuela adapte y capacite la fuerza de trabajo, como un simple aditamento. La escuela no puede fungir aquí como fuerza productiva, sencillamente porque no se propone un desarrollo endógeno. Sin embargo, hay una fuerte objeción: se da por sentado que la reciente modernización caracterizada por la transferencia industrial del centro a la periferia modifica de tal modo la división internacional del trabajo que convierte a algunos países, de exportadores de materias primas, en productores de manufacturas para la exportación. Examinemos brevemente esta seria objeción.