La nueva división internacional del trabajo y la educación
Algunos investigadores sostienen que desde los años setenta se gesta una nueva tendencia en la división internacional del trabajo, que "ha creado un mercado mundial de fuerza de trabajo y [...] de centros de producción que, por primera vez, abarcan igualmente a los países industrializados tradicionales y a los países subdesarrollados" (Fröbel, et al., 1981, p. 50).
Para salir de dudas es importante cuestionarse: ¿cuál es el objetivo de los grandes capitales del centro en la trasnacionalización industrial a la periferia?
[...] los capitales individuales, dicen [...] pueden obtener beneficios adicionales mediante una adecuada reorganización de su producción, en cuanto convierten en utilizable en el ámbito mundial, mediante la fragmentación del proceso productivo y por medio de una tecnología avanzada de transportes y comunicaciones, al ejército industrial de reserva <mundial>
. (ibid). En otras palabras, "los procesos
<industriales>[...] se parcializan en diferentes centros al nivel mundial ...", "... la fabricación de un producto <se realiza> a través de las subfabricaciones parciales repartidas por distintas fábricas, en distintos emplazamientos y organizada en el marco de una producción trasnacional". (idem,, p. 509) La estrategia de esta trasnacionalización industrial para asegurar la ganancia extraordinaria, tiene muy en cuenta lo que puede obtener en la periferia: un gran ejército de reserva de trabajo simple que se ofrece a precios irrisorios --ya que abunda--, y es acrecentado por el tremendo desempleo provocado por la crisis. Entonces, lo que atrae los segmentos de producción trasnacional como las maquiladoras es esta fuerza de trabajo susceptible de sobrexplotación.
También se justifica el traslado de industrias a la periferia porque supuestamente fortalece el propio proceso de industrialización endógena. La respuesta es negativa, puesto que la industria trasnacional "solamente se
<integra> en cada una de las economías nacionales [...] a través del consumo de servicios y de fuerza de trabajo [o sea, está] integrada en el mercado mundial en el marco de una organización empresarial trasnacional" (idem, p. 509). En efecto, sería absurdo que los centros económicos abandonaran su estrategia y meta de asegurar la ganancia extraordinaria y que, en cambio, cedieran esa posición de ventaja -a la periferia- en la "competencia" neoliberal. Por tanto, la industria de la periferia se subordina a los dictados del centro, pues "lo que se produce en el sector industrial <periferico>, y como se produce, lo dictan los cálculos y estrategias de valorización de las empresas, los cuales a su vez vienen determinados por la evolución global de las condiciones del mercado mundial". (idem, p. 510).
En realidad, "la industria orientada al mercado mundial no permite prácticamente la aparición de ningún camino de acceso de los países subdesarrollados a las modernas tecnologías de fabricación y de producto, a la organización y dirección de la producción industrial a gran escala, ni a los mercados de exportación" (ibid).
Por una parte, no sólo no se realiza un proceso de transferencia tecnológica centro/periferia; "mucho más grave es (por sus efectos a largo plazo) la dependencia estructural [...]
<que> tiene <la> tendencia a no permitir la aparición de una estructura productiva alternativa, independiente del mercado mundial, y al mismo tiempo desplaza a los restantes sectores de los países subdesarrollados con reproducción autónoma". (idem, p. 511). Pero, ¿cómo impacta la "trasnacionalización industrial" al proceso educativo de la periferia?
Para Vuskovic es:
[...] esa capacidad para internacionalizar los procesos productivos, la que permite redefinir los esquemas de división internacional del trabajo, desplazar sectores y segmentos de la producción industrial a áreas de menor desarrollo relativo, constituir a éstas en exportadoras de determinados tipos de productos manufacturados, y en definitiva, ocupar mano de obra de los países subdesarrollados en producciones industriales destinadas exclusiva y preponderantemente al mercado mundial... (Vuskovic, P., 1979, 19).
Ese proceso puede inducir a elevar los niveles de escolaridad de la estructura laboral de la periferia, como incentivo a la inversión extranjera. Pero lo que no se modifica es el requerimiento del carácter adaptativo del trabajo a la estructura productiva importada; la trasnacionalización industrial busca fuerza de trabajo abundante y barata, y, los sistemas educativos seguirán calificando a las nuevas generaciones para ese desempeño pasivo, adaptativo y limitativo.
En resumen, en las economías dominantes, la llamada tercera revolución científico-técnica descansa en el procesamiento escolar de la fuerza de trabajo, en el desempeño educativo como fuerza productiva primigenia; lo que permite elevar la productividad y asegurar la ganancia extraordinaria. En cambio, en el subdesarrollo, si bien, la escuela eleva los niveles de escolaridad de la estructura laboral, de verlo como la necesidad de la estructura industrial trasplantada, la participación de la fuerza de trabajo en la producción sigue siendo puramente adaptativa; la escuela no puede ir más allá de las necesidades socioeconómicas, y tiene que procesar la escolaridad requerida.
La situación concreta de México es paradigmática por el papel adaptativo desempeñado por los sistemas educativos tanto en el modelo fordista como en el neoliberal.
En el contexto del fordismo, la economía de México se lanzó por la industrialización a toda costa, derrochando los recursos obtenidos por la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial para importar la modernización de la planta productiva. Esa ruta industrializante subordinada, de crecimiento que no desarrollo industrial, excluyó el desenvolvimiento científico y tecnológico nacional; no requirió el despliegue de la capacidad creativa y productiva del trabajo, y, a la larga, limitó y obstruyó la generación del talento, pues la escuela fue condicionada en ese sentido: pasivo, adaptativo y limitativo.
Ahora, en pleno neoliberalismo, como novedad, los últimos gobiernos tecnócratas pretenden que se aprestan a formar y calificar a las nuevas generaciones para competir internacionalmente; pero en realidad lo que hacen es responder eficaz y eficientemente a las necesidades del capital trasnacional, a la industria de maquila; y ofrecen no sólo técnicos de nivel medio (estrategia que ha fallado desde tiempos remotos), sino que, ahora, en el nivel superior preparan fuerza de trabajo calificada, barata y flexible, con la creación de universidades técnicas (de dos años) que no científicas.
Mas, no seamos extremistas. Nuestras universidades también prepararán para la remota opción de investigar e innovar, sí, pero nadie sabe para quién van a trabajar. Sony y Motorola por ahora reclutan ingenieros -industriales y electrónicos- recién egresados, para investigar e innovar, pero con un sueldo mucho menor que en el centro (como vemos, el rasgo de la sobrexplotación está presente). Pero no podemos dejar de cuestionarnos ¿por qué las trasnacionales sí emplean ya el trabajo simple, ya el calificado, mientras a los países de la periferia les está impedido hacerlo? Acaso porque hemos carecido de un proyecto de industrialización y de nación que demande e incorpore todas las energías y el talento escolar nacional, desde la base hasta la cima. Pero no sólo se trata del querer (de estar convencidos); los planificadores también toman en cuenta el saber (o sea, el cómo) y el poder (que tiene que ver con la política, con la correlación de fuerzas).