Conclusión

La apropiación y asimilación de la información y el conocimiento han cambiado en forma radical debido a las nuevas tecnologías, sin retroceso previsible. Lo que importa ahora es buscar y desarrollar las mejores formas de aprovechar las bondades que ofrecen y superar sus desventajas. Por esto es necesario el desarrollo de nuevas competencias y habilidades cognitivas que nos permitan, entre otras cosas, buscar, seleccionar, discriminar, analizar y sintetizar críticamente o de manera inteligente y racional el cúmulo de información que puede alcanzarse a través de estos medios.

También como educadores deberemos ser capaces de formar usuarios críticos, con las habilidades necesarias no sólo para "navegar" en este mar de información, sino para aprovecharlo con el máximo beneficio social y personal posible.

Para Latinoamérica el reto se presenta doble: carecer de estas tecnologías implica que se presenta una desventaja comparativa y, si por el contrario, se importan de manera indiscriminada, se cae en el riesgo de la dependencia interminable, por lo que consideramos consecuente unir tradición con innovación, aprovechar lo mejor de otros países y tecnologías para que aplicando nuestra creatividad e ingenio podamos superar lo existente, con el fin de que en un mundo competitivo desde la globalidad dominante podamos luchar por ocupar un lugar particular y destacado en este campo. Esto, por supuesto, no es nuevo, puesto que es la ruta recorrida en la historia de la humanidad por todas las naciones que empezaron copiando lo más avanzado de otras naciones y, apoyándose en tales avances, despegar hasta la ventajosa comparativa, gracias a la reflexión imaginativa unida a la disciplina del trabajo capacitado o equipado con el saber que es la base de la riqueza en la moderna sociedad del conocimiento.

En la universidad futurible mexicana del año 2025, esto se significa por la necesidad de emplear las fortalezas de la educación a distancia y universidad virtual (González, 1999) para ayudar a construir el profesionista reflexivo (Schön, 1992), que pueda no sólo emplear las nuevas tecnologías, sino innovarlas (Founier, 1999) para generar riqueza para sí y la sociedad durante el tercer milenio, en el que se puede razonablemente prever que es el dominado por el conocimiento cibernético con el hiperespacio como realidad tempo-espacial cotidiana.