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La Formación de Educadores para la Atención a Personas Jóvenes y Adultas en Cuba

Enrique Marbot Jiménez

Ministerio de Educación / Cuba

iplac@ceniai.inf.cu



Introducción. El magisterio es una de las fuerzas impulsoras del progreso socioeconómico y cultural de un país, y ello es tan cierto que ninguna sociedad ha podido desconocer su valioso aporte al progreso humano ni ignorar la trascendencia de la obra educadora.

Expondremos a continuación un breve bosquejo histórico de la formación de educadores para la educación de personas jóvenes y adultas en Cuba así como la experiencia cubana en la formación y superación de
maestros y profesores destacando las características fundamentales del proceso por el que hemos transitado, hasta alcanzar los avances científicos y pedagógicos de hoy.

Desarrollo histórico de la educación de jóvenes y adultos en Cuba. De 1492 a 1898 las influencias ejercidas en las personas por diferentes agencias sociales, es decir, las instituciones gubernamentales, religiosas, el modo de producción, las artes, costumbres, tradiciones y la familia, se convirtie
ron en elementos esenciales para la educación social e individual, en términos de la imposición de la cultura de los colonizadores.

En este periodo se refuerza la importancia de las vías no formales de educación, hecho que se expresa en el escaso número de centros dedicados a la instrucción, actividad que era privilegio de las minorías. La Iglesia ejercía la mayor influencia educativa en la sociedad.

En los albores del siglo xvi la casi totalidad de los hijos de los primeros pobladores españoles fueron educados por la familia y la sociedad; no obstante, hay algunos ejemplos de vías formales de educación, como es el caso de la scholatria de la catedral de Santiago de Cuba fundada en 1523 donde se enseñaba gramática a los clérigos. En ella figura como uno de sus primeros maestros Miguel Velásquez. Con el transcurso de los años de forma lenta y sistemática fueron apareciendo algunas personas e instituciones dedicadas a la educación. En las familias existían preceptores y se improvisaron maestros en escuelas de amigos y amigas (primeras escuelas de base social popular).

En los primeros siglos de la colonia se desarrolla el aprendizaje de oficios en el marco de los gremios con la distinción entre maestros, oficiales y aprendices; en el periodo que analizamos el seminario de San Carlos y San Ambrosio y algunas escuelas privadas que comenzaron a desarrollarse jugaron un papel

fundamental en la formación de personal docente. En estos centros trabajaron precursores de la educación cubana y maestros insignes, como José de la Luz y Caballero y Rafael María de Mendive.

En 1868, durante la Guerra de Independencia, el maestro Rafael Morales y Morales elaboró, en pleno campo insurrecto, una cartilla para enseñar a leer y escribir; él mismo se ocupó, además, de organizar la enseñanza dentro de las tropas del ejército mambí.

La primera etapa del período neocolonial (1899-1958) se caracteriza con la intervención norteamericana, por la instauración de modelos educativos made in usa; las medidas tomadas crearon la necesidad de que los profesores que existían se formaran y superaran en los Estados Unidos. De hecho, no hubo desarrollo de la educación de personas jóvenes y adultas, ni centros especializados para ello.

A partir de 1901 comienza la formación de profesores para enseñanza media en las escuelas de pedagogía de las universidades y en 1951 la formación regular de maestros primarios en las escuelas normales. De estos centros egresaron los maestros y profesores que de manera no formal, después de trabajar en el sistema regular de educación, atendían a personas adultas.

La educación de jóvenes y adultos en el periodo revolucionario. Al analizar el sistema de formación del personal docente después del triunfo de la revolución se distinguen tres vías importantes para dar solución a la necesidad del desarrollo sociocultural del país:

1. La urgente y acelerada formación de maestros y profesores.

2. Continuación de la formación regular con nuevos planes de estudio.

3. La utilización de la superación y la recalificación para elevar el nivel cultural básico y pedagógico-psicológico de los maestros en ejercicio, titulados y no titulados.

Una de las primeras medidas tomadas al triunfar la revolución fue la Gran Campaña Nacional de Alfabetización, que permitió que el 22 de diciembre de 1961 Cuba se declarara territorio libre de analfabetismo.

En 1962 las decenas de millares de alfabetizadores populares de la campaña recién terminada constituían una fuente de futuros profesores; en ella nos apoyamos reforzando, en lo rural, con maestros primarios en ejercicio, y en lo urbano, con el escaso profesorado de la escuela nocturna tradicional, además de otros maestros primarios y secundarios que, envueltos en la mística de la campaña en que participaron, ofrecían horas voluntarias de sus noches de descanso para el asesoramiento y las clases en escuelas y seminarios, según la matrícula iba creciendo.

En los primeros tiempos de la revolución se llevaron a cabo ciertas reubicaciones de maestros especiales (música, artes manuales, mecanografía) y se aprovecharon en el reforzamiento del personal docente tras una preparación previa en seminarios emergentes donde se destacaban y señalaban las diferencias esenciales entre la enseñanza primaria de niños y la de adultos, tanto en el contenido de los programas iniciales como en la didáctica misma y en las relaciones maestro-alumno.

El control de los maestros, de la base material de estudio y de la creación de las escuelas, así como las relaciones con las organizaciones políticas y de masas y los organismos productivos y de servicios se realizaba en las bases municipales mediante la labor de un cuerpo de activistas que a nivel de zonas o de rutas realizaban su gestión organizativa.

La asistencia a las aulas y el funcionamiento de los equipos de estudio de los primeros maestros eran también controlados por activistas, que al principio no eran personas de alto nivel cultural, sino trabajadores de los municipios que, como los demás cuadros de dirección, procedían de la Campaña de Alfabetización.

Con el tiempo, la práctica y el asesoramiento, tanto los activistas como
los profesores se fueron convirtiendo en un cuerpo de inspectores, mientras evolucionaba, por su parte, la estructura orgánica de la educación de adultos.

La formación de formadores. El punto de partida en la formación urgente de maestros, fundamentalmente para el calendario rural, fueron los cursillos de formación inicial (seminarios internos), que se organizaron con un internamiento de tres o cuatro me
ses, casi siempre en zonas rurales, en locales facilitados por las granjas del Instituto Nacional de Reforma Agraria en los que se habilitaban las aulas y los dormitorios recurriendo a variadas formas de ayuda para conseguir el aseguramiento material. Miles de maestros formados con jóvenes que debían ingresar al internado con un nivel mínimo de sexto grado salieron de estos internados con una preparación adecuada para afrontar el proceso pedagógico.



El estilo intenso de la enseñanza de estos cursillos, la calidad de los profesores que para ello se escogían, el carácter práctico de su metodología (aprender a dar una buena clase fue lo fundamental, apoyado siempre en los análisis colectivos muy críticos de la actividad y en la emulación fraternal basada en la competencia de equipos), fue el éxito de esta iniciativa mediante la cual —con algunas carencias ocasionales— logramos durante años cubrir casi todo el mapa de las necesidades.

De acuerdo con su capacidad inicial y el rendimiento del alumno, al final del cursillo se determinaba el nivel educacional que debería atender. Con estas formas flexibles rompíamos de hecho las dificultades que nos presentaba el subdesarrollo cultural y echábamos hacia adelante una obra impostergable para ayudar a las profundas transformaciones que nuestro pueblo se había propuesto para aquella dura etapa inicial, donde el heroísmo y el entusiasmo marchaban del brazo; estos logros, sin ser de todos, ahora los estamos cosechando.

Al mismo tiempo que se desarrollaban los cursillos de preparación inicial de centenares de maestros en las distintas regiones del país, se organizaron los equipos de estudio que planificaban la labor docente y la superación de los maestros bajo la orientación del personal técnico más capaz. El programa de los cursillos de preparación inicial abarcaba, entre otros aspectos, los relativos a la organización escolar, las orientaciones metodológicas de cada materia en particular, las clases prácticas, la elaboración de medios de enseñanza, el manejo de programas y textos y el desarrollo de temas pedagógicos.

Esa estructura no pudo seguir funcionando con eficacia cuando en el curso 1963-1964 el personal docente alcanzó la cifra de 20 mil maestros. La necesidad de concentrarlos a
efecto de aprovechar al máximo la capacidad docente de los técnicos profesionales de que ya disponíamos, dio origen a una institución en la educación de adultos: el Seminario sabatino. El seminario funcionaba como una pequeña escuela normal donde los maestros se superaban pedagógicamente y sobre el contenido de las materias del programa; además de realizar clases prácticas con análisis críticos de los métodos y procedimientos, estudiaban el manejo de los nuevos libros de texto y al mismo tiempo se entrenaban en la producción de otros medios de enseñanza. El seminario, a la vez, facilitaba el trabajo de la sensibilización y estimulación dirigida por el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza. Los seminarios, no obstante sus imperfecciones y limitaciones, impulsaron desde su fundación la línea de la calidad de la enseñanza, sobre la base firme de una combinación funcional y objetiva de la teoría pedagógica y la práctica docente.

Los maestros aficionados constituyeron una nueva categoría creada por las necesidades del proceso, que a la vez que una vía de encauzamiento para algunos sectores de la juventud, constituyó en breve tiempo una nueva fuente de trabajo estable en la medida que los seminarios y otras formas complementarias de la calificación técnica fueron dando su fruto.

La experiencia obrero-campesina. Por otra parte, la proliferación de las aulas de Educación Obrera y Campesina en los centros de trabajo dio origen a una nueva categoría de maestros: los obreros-maestros, ofrecidos por las secciones sindicales mediante una selección de los compañeros más capacitados y mejor dispuestos.

Para seleccionar a los primeros maestros del curso secundario se libró a fines de 1963 una convocatoria entre los maestros de las escuelas nocturnas. En ese sentido se organizaron 27 centros de seminarios, que funcionaron durante cinco semanas. En ellos se impartió orientación sobre la educación de adultos, sus materiales de estudio, programas y metodologías. Estos seminarios promovieron 3 953 profesores. La evaluación final determinó la confección de escalafones por materia con vistas a la adjudicación de las plazas de cada una de las escuelas a crear.

El horario establecido para las escuelas nocturnas en donde funcionaban cursos secundarios permitió que cada día se efectuara la reunión de los profesores de una materia no incluida en el horario del día, lo que aseguró definitivamente la preparación metodológica y la superación permanente del profesorado, con clases teóricas y prácticas.

En 1970 se establecieron los planes de titulación para los profesores del curso secundario.

Posteriormente, al constituirse las Facultades Obreras Campesinas (ba chillerato) se lanzó la convocatoria para que


todos los profesores se matricularan en los Institutos Superiores Pedagógicos para alcanzar el título de licenciados en educación.

Las tareas de la enseñanza se realizaron con personal cuya diversidad se expresa en:

• Maestros profesionales de la educación de adultos, indistintamente de ser o no titulados.

• Maestros de primaria con participación simultánea en nuestros cursos.

• Maestros populares de las zonas rurales, que laboraban con los niños durante el día y con los adultos por la noche.

• Los maestros de la brigada "Frank País", ubicados en las zonas montañosas de Oriente.

• Los maestros llamados aficionados, que eran fundamentalmente jóvenes campesinos de ambos sexos.

• Obreros-maestros que trabajaban, con carácter voluntario, en las aulas de los centros de trabajo.

• Maestros contratados para todos los niveles a partir de 1975.

Resultados. El 24 de febrero de 1962 se constituyó el subsistema de educación de personas jóvenes y adultas. Durante toda la etapa posterior a la alfabetización se garantizó que las personas jóvenes adultas tuvieran a su alcance posibilidades de superación con profesores preparados por diferentes vías, de manera que pudiéramos lograr con éxito el incremento del nivel educativo de la población a más de nueve grados.

En la actualidad la gran masa de formadores de la educación de personas jóvenes y adultas es titulada, se le da un gran peso a la preparación metodológica y la superación que se desarrolla en todas las estructuras. Para ello se crearon en todos los Institutos Superiores Pedagógicos del país las Cátedras de Educación de Personas Jóvenes y Adultas, donde se concentran los mejores pedagogos, conjuntamente con las direcciones de educación, además de contar con maestros y doctores trabajando en y para la enseñanza de adultos.

En el año 2000 se creó en el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño la Cátedra de Alfabetización y Educación de Personas Jóvenes y Adultas, que brinda colaboración internacional y asesoría en este campo, además de cursos de capacitación, diplomados y maestrías dirigidos a nacionales y extranjeros.

Con la Gran Campaña Nacional de Alfabetización se logró la disminución del índice de analfabetismo desde más de 23.6 por ciento hasta 3.9 por ciento en 1961, cuando la población era de casi siete millones de habitantes. En la actualidad, con una población de más de 11 millones de personas, el porcentaje de analfabetismo es de 0.2 por ciento, lo que denota la calidad de la educación cubana. Actualmente se cuenta con un potencial de docentes formados y preparados para las diversas tareas que demanda el desarrollo nacional y la colaboración internacional.

Recomendaciones para la acción


1. Instrumentar un sistema de superación permanente y diferenciado para todas aquellas personas que desarrollan acciones en la educación de personas jóvenes y adultas.

2. Trabajar para que las personas que desarrollan actividades docentes con personas jóvenes y adultas tengan acceso y adquieran preparación pedagógica. Teniendo en cuenta que la educación de personas jóvenes y adultas debe desarrollarse a través de un proceso complejo y diversificado, es necesario ofrecer diferentes vías y formas de superación adecuadas a las características del contexto.

3. Es necesario el apoyo de los gobiernos e instituciones que promueven la educación de personas jóvenes y adultas para elevar con carácter de sistema el nivel de preparación de los docentes, en correspondencia con el modelo de joven adulto que se quiere formar.

 

Lecturas sugeridas:

Canfux Gutiérrez, Jaime, 2000. Política y estrategias empleadas en la Campaña de Alfabetización de 1961 en Cuba, tesis de doctorado en ciencias pedagógicas (en prensa).

Ferrer Pérez, Raúl, 1976. Educación de adultos en Cuba, Viceministerio de Educación de Adultos, Ministerio de Educación de Cuba.

Marbot Jiménez, Enrique, 1999. Didáctica y entrenamiento metodológico conjunto, materiales compilados para la maestría en ciencias de la educación, Brasil.

Ministerio de Educación, oei, 1987. La educación en Cuba, La Habana.

Las lecturas pueden conseguirse comunicándose al correo electrónico:

iplac@ceniai.inf.cu



 



Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos
en América Latina y el Caribe CREFAL. (C) 2002.
www.crefal.edu.mx

Av. Lázaro Cárdenas, s/n. Col. Revolución. Tel. (434) 342-81-14
Pátzcuaro, Michoacán. México.